Era una mañana soleada de verano, sin demasiado calor en Madrid. Uno de esos días que te vienes arriba y decides lavar el coche. No tenía ninguna prisa, es decir, la prisa no fue el motivo de lo que ocurrió. Fue la ignorancia y el desconocimiento de algunas leyes físicas. Es fácil reconocerlo, soy «de Letras».
Llegué toda contenta a mi gasolinera habitual, cerquita de casa y aparqué mi coche en uno de los servicios de autolavado. Siempre los he usado: dos euritos, un poquito de jabón, aclarado especial y listo. Pero ese día, el cristal delantero del coche estaba muy sucio y quise quitarlo a fondo. Acerqué el chorro de agua todo lo posible a las manchas (sujetando la manguera con la mano derecha). Mientras, retiré el parabrisas con mi mano izquierda.
Con el ruido, el movimiento del agua y la tarea de limpieza, no fui consciente al principio de lo que había pasado. Pero comencé a sentir un escozor punzante en el dorso de mi mano izquierda. Tenía una mancha blanca del tamaño de una moneda de dos euros. Y otra mancha un poco más pequeña al lado. Me quedé quieta unos segundos. ¿Qué narices…? Estaba en carne viva. Empezó a sangrar bastante y el dolor era cada vez más intenso. Salí zumbando a urgencias y antes de entrar, hice una foto a mi mano.
Me curó un traumatólogo muy amable, que había atendido casos parecidos en otras ocasiones. «Esas máquinas abrasan la piel. He visto niños y adultos heridos en manos, piernas y sobre todo, pies. Han perdido incluso dedos. La gente no es consciente del peligro, el agua puede quemar y levantar la piel, solo con unas gotas que te rocen. La presión del agua de esas mangueras es muy fuerte».
Claro, me lo estaba explicando una persona «de Ciencias». Me quedé más tranquila (porque no era tan tonta) y más preocupada (esos aparatos de lavado están por todas partes).
¡CUIDADO! A pesar de la campaña que hice y mi aviso a la gasolinera, tres años después siguen sin existir carteles, ni en esa ni en otras, que (al menos) adviertan de su uso con precaución, de mantener alejados a los niños y de sus consecuencias

